Dentro de los trastornos de personalidad (TLP) y del trastorno límite en concreto, la autolesión es el síntoma más característico y llamativo.
En el TLP, la autolesión es una forma de expresión, un mecanismo "adaptativo" y de defensa, sirve para que nos demos cuenta de que el paciente está ahí.
Los pacientes cuentan que se autolesionan para sentir alivio, para mostrarnos que sufren, para sentirse vivos y que existen, para castigarse y castigar a sus seres queridos, para volver a la realidad y transmitir a las personas "normales" una experiencia y sensaciones que difícilmente podrán asimilar.
Según Dolores Mosquera, las personas se autolesionan como estrategia de afrontamiento y como medida compensatoria: una autoagresión es una forma de manejar y tolerar las emociones. Puede surgir de una forma impulsiva e inesperada pero también puede ser premeditada y planificada o la consecuencia de un aprendizaje que se va reforzando y se hace automático con el tiempo.
Unas veces aparece, porque la persona no encuentra palabras para expresar la intensidad de su sufrimiento y necesita expresarlo de alguna forma "sacarlo fuera", hacerlo visible; y en otras ocasiones, porque las emociones son demasiado intensas y dolorosas para ser explicadas con palabras y no se ha aprendido a identificarlas, expresarlas de forma adecuada, tolerarlas, aceptarlas ni manejarlas.
Los pacientes hablan de los siguientes motivos para autolesionarse mediante cortes y quemaduras: sentir alivio, mostrar lo mucho que sufren, pedir ayuda, sentir que tienen motivo real para expresar dolor, sentirse vivos, comprobar que no están soñando, volver a la realidad (salir del estado disociativo), experimentar sensación de purificación (si sale la sangre se va con ella todo lo malo), autocastigarse, o para castigar a otros.
Los motivos pueden ser diversos y son únicos para cada individuo. Estas personas suelen tener en común la ausencia de un referente estable que les permita saber como reaccionar ante las distintas situaciones que les toca vivir. La respuesta que ha sido valorada en un determinado momento después es criticada en otro momento muy parecido y el paciente siente que no hay una respuesta correcta ante las nuevas situaciones que tiene que afrontar.
Cuando preguntamos sobre desencadenantes las respuestas que encontramos son muy variadas: sentirse abrumado, confuso, humillado, infravalorado, incomprendido. Una situación que uno no puede controlar o entender o frenar. Otras veces surge por miedos, por temor a perder el control, por miedo a que le ocurra algo a otra persona.
Es una forma de expresar dolor, de tolerarlo y de regular el estado emocional en el que se encuentra el sujeto. Sirve para aliviar el malestar y los sentimientos incomprendidos que no saben manejar.
Los motivos pueden ser diversos y son únicos para cada individuo. Estas personas suelen tener en común la ausencia de un referente estable que les permita saber como reaccionar ante las distintas situaciones que les toca vivir. La respuesta que ha sido valorada en un determinado momento después es criticada en otro momento muy parecido y el paciente siente que no hay una respuesta correcta ante las nuevas situaciones que tiene que afrontar.
Cuando preguntamos sobre desencadenantes las respuestas que encontramos son muy variadas: sentirse abrumado, confuso, humillado, infravalorado, incomprendido. Una situación que uno no puede controlar o entender o frenar. Otras veces surge por miedos, por temor a perder el control, por miedo a que le ocurra algo a otra persona.
Es una forma de expresar dolor, de tolerarlo y de regular el estado emocional en el que se encuentra el sujeto. Sirve para aliviar el malestar y los sentimientos incomprendidos que no saben manejar.

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