Había una vez un hombre que llevaba mucho tiempo casado con su mujer, iban siempre juntos a todas partes, siempre estaban juntos. Su mujer lo completaba totalmente, el psicólogo, ella periodista, la pareja perfecta, él siempre le dedicaba todas sus atenciones, le compraba vestidos bonitos, dada su profesión liberal podía permitirse acompañarla al ginecólogo, la recogía del trabajo...
Llevaban tanto tiempo juntos que cuando pensaba en ella la consideraba como parte de sí mismo, no podía ir a ninguna parte sin su mujer, cualquier viaje sin su mujer no sería igual, cualquier decisión sin su mujer no era posible.
Era tan parte de sí mismo que no soportaba estar sin ella todo el tiempo y no entendía porque su mujer tenía que hacer inglés o francés porque él no estaba allí haciendo inglés o francés y no podía hablar con ella todo el tiempo. tampoco entendía porque su mujer veía series en la televisión sin él, si era parte de sí mismo tendría que estar siempre con él y preocupada por él todo el tiempo.
El miedo a perderla era tan grande que antes de irse de vacaciones le asaltaban todo tipo de pensamientos sobre divorcio, tanto tiempo juntos, podría ser que se discutieran, una discusión que acabara con la relación y se obsesionaba con las letras de Alejandro Sanz.
Cuando algunos días, sus pensamientos más negros le asaltaban, odiaba a su mujer, porque en el pasado en un momento de crisis, le había abandonado. Este abandono era como una carcoma que iniciaba toda una serie de dudas. En esos momentos no le importaba su mujer, buscaba una mujer que no le abandonara nunca, que compartiera su afición por la poesía y por Alejandro Sanz, que el llevara fuera de sí mismo, que juntos hicieran algo por lo que sería recordado siempre. Así se vengaría de los familiares psicópatas que lo mantenían con ánimo tristón cuando les explicaba sus cosas y los otros respondían con WhatsApps hirientes y desilusionantes. Les demostraría que el valía más que todo eso.
Y continuará o no...no sé...
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