Fuente: http://www.fundacioncadah.org/web/articulo/como-comunicarse-con-la-familia-de-un-nino-hiperactivo-.html
Resolver las dificultades escolares requiere de una óptica de
conjunto y una atenta mirada a las relaciones entre los intervinientes,
adoptando una comunicación positiva, abierta y continua para una
adecuada búsqueda de soluciones desde el trabajo colaborativo. En la
actualidad vivimos un momento socioeducativo muy cambiante en el que la
educación escolar amplía sus líneas de actuación hacia el ámbito
familiar, buscando establecer unidad entre familia y escuela a la hora
de llevar a cabo todo el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Sabemos que en numerosas ocasiones las
dificultades académicas y/o actitudinales del alumnado dentro del aula
suelen acabar enraizadas en dinámicas, pautas y situaciones familiares
que escapan y van más allá de la intervención academicista dentro del
aula. Es por ello que la familia y la escuela deben conocerse, compartir
planteamientos y trabajar en la misma dirección. Los padres deben saber
cómo es su hijo en la escuela, qué hace, cómo se relaciona y a qué
dedica el tiempo. Los profesores deben entender que cada niño es único
en tanto que producto de un entorno familiar específico que presenta
rutinas, costumbres y hábitos propios e intransferibles, y que no hay
dos familias iguales del mismo modo que tampoco hay dos alumnos iguales.
Una de las funciones básicas del profesor, especialmente del tutor
ayudado por el responsable de la orientación, es asegurarse de que la
familia y la escuela están coordinadas en sus esfuerzos educativos. Y
una de las mejores maneras de conseguirlo es favorecer la participación e
implicación de los padres en la educación de sus hijos. Es común que el
docente encuentre en su trabajo con los alumnos dificultades, problemas
y demandas que solo puede resolver con el consenso y la colaboración
del entorno familiar. Normalmente la escuela orienta a los padres y las
madres a través de un instrumento crucial de trabajo en la escuela con
las familias, que son las entrevistas familiares. Una entrevista con la
familia del alumno/a debe consistir en una reunión a la que deben
concurrir tanto el padre como la madre, el profesorado y, en los casos
en que se estime oportuno, otras personas como el jefe de estudios, la
dirección, orientadores, etc. Esta reunión debe perseguir objetivos
concordantes entre la familia y los profesores y tener como fin la
búsqueda conjunta de soluciones. Durante los intercambios de información
con los padres (ya se trate de entrevistas personales, informes
escritos, comunicaciones telefónicas, etc.), el docente debe seguir una
serie de reglas básicas (Bazdresch Parada, 2000):

- Cuidar las condiciones ambientales: Las
condiciones para el desarrollo de la entrevista son muy importantes. Es
muy relevante ajustarse a los horarios de las familias, sobre todo para
aquellas que trabajan. El lugar debe ser acogedor, cómodo y apropiado
al tipo de encuentro. Así por ejemplo, el aula es ideal para que los
padres se familiaricen con el entorno en el que se educan sus hijos,
pero el despacho es más apropiado para tratar cuestiones problemáticas
dada su neutralidad. La cita tiene que ser convocada con el suficiente
margen de tiempo como para que la familia pueda organizarse.
- Tratar de contar con la presencia de ambos progenitores: Es
fundamental, en la medida en que tradicionalmente el padre suele estar
ausente de estas reuniones y la madre asume la participación en estos
encuentros, perdiéndose con ello una importante fuente de reflexión y de
recursos de la figura paterna. Es vital que los hijos con dificultades
vean un trabajo de equipo entre sus padres que aparecen ante ellos
unidos en tareas parentales reflexionando sobre las diferentes opiniones
y criterios, y estableciendo, con la ayuda de los profesionales, un
clima de diálogo constructivo.
- Facilitar un ambiente de reunión amigable: que
permita correr el riesgo a la familia de exponerse, de mostrar parcelas
íntimas sin temor a la descalificación o a la culpabilización. Es
importante potenciar lo mejor de cada uno de ellos. El docente debe ser
empático y cercano con los padres para fomentar la interacción.
- Respetar la privacidad de los padres: no es
preciso, ni tiene sentido, ser indiscreto haciendo a los padres del niño
cuestiones que se adentren en demasía en su vida privada o en su
relación de pareja. No aportan en realidad ninguna información
significativa para la educación de los pequeños.
- Construir un modelo de buen comunicador: El
profesorado debe constituir un auténtico modelo de cómo ser buenos
comunicadores. Evitar conjeturas, juicios de valor y simplificaciones,
para los padres sus hijos son muy importantes, y por ello son
susceptibles, sensibles e influenciables ante cualquier detalle
relacionado con ellos. Se debe tener especial cuidado con los
comentarios que se hacen ante las apreciaciones e informes de los
padres, y con las explicaciones reduccionistas (tipo causa-efecto),
sobre la conducta de sus hijos. Así mismo, tratar de que el tono
emocional de la conversación familiar sea adecuado, desalentando la
alteración emocional entre las personas. Para que se produzca una
adecuada comunicación y se puedan beneficiar ambos contextos de sus
aportaciones, es necesario crear un contexto en el que los profesores
han de prepararse para establecer un diálogo en el que los padres se
sientan escuchados como expertos en sus hijos, y a la vez confieran la
autoridad necesaria a los profesores como expertos en educación. Un
diálogo en el que ambos agentes tienen mucho que aprender uno de otro.
Para ello es necesario desarrollar ciertas habilidades como la escucha,
liberarse de prejuicios, valorar los intentos de cambio, ser capaces de
pedir ayuda a los padres, no culpabilizar, y detectar y transmitir los
indicadores de lo que hacen bien.
- Huir de los tecnicismos: un lenguaje demasiado
técnico y retórico es innecesario y puede llegar a ser perjudicial, pues
establece distancia con los padres y, además, habrá casos en los que
éstos no saquen nada en claro del encuentro. Se debe ser lo más llano y
claro posible para favorecer la interacción y la comprensión mutua.
- Cuidarse de las contradicciones: es necesario que
las comunicaciones no verbales no entren en contradicción con el
discurso verbal para no evitar confusiones. Así, por ejemplo, si el tema
que se trata es serio, se ha de hablar con total seriedad. Mostrar
"flexibilidad" y "firmeza" en función de la situación que afrontemos en
cada momento.
- Conocer la situación familiar y mostrarse comprensivo con las dificultades familiares: Los
profesionales han de estar atentos a las dificultades que la vida
familiar conlleva, no olvidando que durante el ciclo vital de la
familia, ésta debe afrontar estrés, crisis, cambios que de hecho inciden
en cada uno de sus miembros y, por supuesto, en el alumnado.
- Ser positivo y evitar las comparaciones con otros niños: se
deben evitar posturas derrotistas y los contrastes con otros compañeros
del niño. El maestro tiene que transmitir tranquilidad, partir de la
idea de que toda situación puede ser reconducida si se trabaja
adecuadamente, hacer comprender a los padres que cada niño tiene su
propio ritmo madurativo y que por tanto, toda comparación de su hijo con
otros es simplemente absurda y engañosa.
- Generar un clima de equipo entre todos los participantes en la conversación: Es
crucial el trabajo en equipo que deben realizar maestros/as,
profesorado, orientadores, maestros, especialistas de pedagogía
terapéutica y de audición y lenguaje, etc., para afrontar las
dificultades escolares del alumnado y para encarar juntos las
conversaciones con las familias.
- Obtener una definición clara y concreta de las dificultades: Pedir información sobre enunciados generales, vagos, imprecisos, formulados por los miembros de la familia, buscando objetivos consensuados por los participantes (plantear tareas posibles y realizables por parte de la familia).
La LOE en su artículo 71 establece
que "corresponde a las administraciones educativas adoptar las medidas
oportunas para que los padres de estos alumnos (con necesidades
específicas de apoyo educativo) reciban el adecuado asesoramiento
individualizado, así como la información necesaria que les ayude en la
educación de sus hijos".
BIBLIOGRAFÍA
Sáinz Gutiérrez, N. y cols. Entrevista familiar en la escuela. Ediciones Pirámide, 2011.
LEY ORGÁNICA 2/2006, de 3 de mayo, de Educación.
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