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jueves, 13 de febrero de 2014

Dolor, rencor, descontrol




“Una y otra vez me dicen que nunca sufrieron maltrato cuando eran niños, con la excepción de alguna bofetada, que, como es sabido, no tendría ningún significado, o de alguna que otra patada que se habrían merecido porque a veces eran insoportables y hacían perder la paciencia a sus padres. Con frecuencia me aseguran que, de hecho, eran niños queridos, pero sus padres estaban abrumados por sus responsabilidades eran pobres, desdichados, padecían depresiones, no tenían información, eran alcohólicos o, de niños, habían crecido sin cariño. Por lo tanto no era extraño que hubiesen perdido fácilmente la paciencia con sus hijos y les hubiesen pegado. Era necesario comprenderlos. Uno deseaba ayudarlos porque los quería y le daban pena. Pero todo el esfuerzo realizado no había sido suficiente para salvarlos de su depresión y hacerlos felices. Esta circunstancia provoca un sentimiento de culpa que continúa torturando al adulto, que no puede librarse de él. Una y otra vez se pregunta: ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué no puedo salvar a mis padres de sus miserias? Me esfuerzo tanto. Incluso con los terapeutas. Ellos dicen que tengo que disfrutar las partes positivas de la vida pero no lo consigo,  y también me siento culpable por ello. Ellos dicen que tengo que madurar de una vez, que no debo sentirme como una víctima, que mi niñez hace tiempo que terminó y que debería pasar página y dejar de romperme la cabeza. Dicen que no debo buscar la culpa en los demás porque el odio terminará matándome. Debo ser capaz de perdonar y vivir el presente, si no me convertiré en un paciente borderline o en qué se yo. Pero ¿Cómo lo hago? Naturalmente no quiero culpar a mis padres, porque los quiero y les agradezco que me hayan dado la vida. Ya han sufrido bastante por mí. ¿Cómo puedo librarme de mis sentimientos de culpa? Son incluso más violentos cuando pego a mis hijos. Es horrible, no soy capaz de parar de hacerlo, me desesperan una y otra vez. Me odio por estas tendencias tan agresivas, me detesto cuando caigo en estos ataques de violencia ciega”.

Alice Miller



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