“Una y otra vez me dicen que nunca sufrieron maltrato cuando
eran niños, con la excepción de alguna bofetada, que, como es sabido, no tendría
ningún significado, o de alguna que otra patada que se habrían merecido porque a
veces eran insoportables y hacían perder la paciencia a sus padres. Con frecuencia
me aseguran que, de hecho, eran niños queridos, pero sus padres estaban abrumados
por sus responsabilidades eran pobres, desdichados, padecían depresiones, no tenían
información, eran alcohólicos o, de niños, habían crecido sin cariño. Por lo tanto
no era extraño que hubiesen perdido fácilmente la paciencia con sus hijos y les
hubiesen pegado. Era necesario comprenderlos. Uno deseaba ayudarlos porque los
quería y le daban pena. Pero todo el esfuerzo realizado no había sido suficiente
para salvarlos de su depresión y hacerlos felices. Esta circunstancia provoca un
sentimiento de culpa que continúa torturando al adulto, que no puede librarse de
él. Una y otra vez se pregunta: ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué no puedo salvar
a mis padres de sus miserias? Me esfuerzo tanto. Incluso con los terapeutas. Ellos
dicen que tengo que disfrutar las partes positivas de la vida pero no lo consigo,
y también me siento culpable por ello. Ellos
dicen que tengo que madurar de una vez, que no debo sentirme como una víctima,
que mi niñez hace tiempo que terminó y que debería pasar página y dejar de romperme
la cabeza. Dicen que no debo buscar la culpa en los demás porque el odio terminará
matándome. Debo ser capaz de perdonar y vivir el presente, si no me convertiré en
un paciente borderline o en qué se yo. Pero ¿Cómo lo hago? Naturalmente no quiero
culpar a mis padres, porque los quiero y les agradezco que me hayan dado la vida.
Ya han sufrido bastante por mí. ¿Cómo puedo librarme de mis sentimientos de culpa?
Son incluso más violentos cuando pego a mis hijos. Es horrible, no soy capaz de
parar de hacerlo, me desesperan una y otra vez. Me odio por estas tendencias tan
agresivas, me detesto cuando caigo en estos ataques de violencia ciega”.
Alice Miller


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