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domingo, 16 de febrero de 2014

¿Cómo es experimentado e interiorizado el maltrato infantil desde la perspectiva del niño y luego la del adulto?

MALTRATOS FÍSICOS ¿CÓMO SON EXPERIMENTADOS DESDE LA MENTE DEL NIÑO Y POSTERIORMENTE EN EL ADULTO?
Según el libro de de Jorge Barudy (1998) en el cual implica a las propias familias en el abordaje del maltrato infantil desde la perspectiva de la terapia familiar analizando las interacciones en la familia.
Barudy (1998, p.153), nos explica que aunque los niños golpeados reciben golpes que duelen mucho les afecta mucho más el contexto de terror y desprotección, y la relación de poder asimétrica que tiene con los padres. Les traumatiza más el ambiente de tensión y terror latente que existe en estas familias que el hecho de ser golpeados.
Hay un factor que siempre está presente en las situaciones de maltrato que es la impotencia. Estos niños están completamente en manos del padre o la madre agresores y amenudo sin la protección de otro. Viven la indiferencia de otros adultos, vecions y/o profesores que no van a hacer nada para cambiar la situación.
Los intentos de resistir al carácter injusto de los golpes, de denunciarlos o de huir estan bloqueados por sentimientos de culpabilidad, de su propia dependencia hacia la familia.
El niño se encuentra en una situación de peligro permanente y siente angustia e impotencia que son mayores cuanto más pequeño es. En ese ambiente el niño víctima aprenderá a considerar esta impotencia como normal y se deja llevar y aprende a no reaccionar frente a la agresión.
Es una situación injusta que no entienden. No saben porque les está ocurriendo. Aprenden que es una situación normal y predecible y a no defenderse.
Puede que al contrario, controle su miedo y su angustia y se identifique con el agresor y más tarde se convertirá en un padre agresor.
El dolor es otro componente clave del maltrato físico. Las víctimas de violencia no tienen un recuerdo claro de ese dolor. La experiencia de terror y de miedo ocupa todo su espacio de memoria. Barudy (1998), había constatado este hecho también en la experiencia de personas que fueron víctimas de la tortura.
Según Alice Miller (2009, p. 155) que lleva más de 30 años estudiando el maltrato infantil, lo más doloroso no son los golpes sino el hecho de que quien los golpea son sus padres, el vínculo más importante que tenemos en la infancia es el que tenemos con nuestra madre, nuestro padre:
 “Sonia, una niña de 14 años golpeada durante años expresaría su experiencia en una sesión de terapia de esta forma:
Lo que más me duele no son los golpes, no es solamente el hecho de ser golpeada, es el hecho de que sea mi madre quien lo hace. Yo quiero a mi madre. ¿Por qué yo, qué le he hecho? ¿Por qué esto me pasa sólo a mí?. Es injusto.”
LAS CONSECUENCIAS PSICOSOCIALES DEL MALTRATO DEL MALTRATO FÍSICO
1. Los trastornos de identidad
El niño golpeado suele tener una mala imagen de sí mismo. A menudo está convencido de ser la causa del nerviosismo de los padres. Se cree malo, inadecuado y peligroso. En ocasiones, como mecanismo de defensa, puede desarrollar la creencia de ser fuerte, todopoderoso, capaz de vencer a sus padres y a otros adultos.
2. Una autoestima pobre
Estos niños tienen a menudo sentimientos de inferioridad y dudan de su capacidad, lo que se expresa con comportamientos tímidos y miedosos, o al contrario por comportamientos agitados y espectaculares, con los que tratan de llamar la atención de los que  les rodean.
3. La ansiedad, la angustia y la depresión
Ésta puede expresarse por trastornos del comportamiento y sobre todo por miedo y ansiedad desencadenada por situaciones donde un adulto se muestra agresivo o autoritario. La angustia puede presentarse sola o acompañada con los componentes del Síndrome de estrés postraumático. A veces este trastorno puede estar enmascarado por otros, especialmente por mecanismos adaptativos a la situación. Algunos de estos niños desconfían de los contactos físicos, particularmente de los adultos, y se alteran cuando un adulto se acerca a otro niño, particularmente si llora. También presentan problemas de concentración, trabajan mal en clase, retienen difícilmente el contenido de las materias y tienen gran dificultad para seguir las instrucciones de los profesores.
Al igual que los niños carenciados, los niños golpeados desarrollan lentamente sentimientos de depresión y de desesperación y comportamientos autodestructivos que incluyen la automutilación. No se sienten respetados y no sólo por sus padres, sino por el mundo adulto en general, al que perciben como desprotector e inseguro.
CONSECUENCIAS DE LA NEGLIGENCIA EN LOS NIÑOS
Según Barudy (1998):
“Los niños mal cuidados sufren de una ausencia crónica de cuidados, ya sea físicos, médicos, afectivos y/o cognitivos. Por lo tanto se presentan sintomáticamente mal alimentados y hambrientos, sucios y mal vestidos (ya sea demasiado abrigados o desabrigados). Habitualmente sus padres o cuidadores los dejan solos sin la vigilancia adecuada. Ignorados y/o rechazados por sus padres, estos niños son víctimas de una deprivación psicoafectiva permanente, así como una falta de estimulación social y cultural necesaria para asegurarles un desarrollo sociocognitivo adecuado”
El niño víctima de negligencia se siente como un ser a parte, su falta de higiene y su forma inadecuada de vestirse y comportarse provocan rechazo en sus compañeros de clases y de los adultos que le cuidan. Su aspecto sucio y su mal olor provocan el alejamiento de sus iguales y refuerzan sus vivencias familares de rechazo y soledad.
Estos niños a los que se deja solos y sin vigilancia de forma frecuente o al cuidado de otros menores pueden sufrir accidentes domésticos o pueden ser agredidos física y/o sexualmente por niños mayores o adultos abusadores y son las vícimas predilectas de pedófilos. En los países industrializados existe una categoría singular de niños que están descuidados (los llamados niños con la llave al cuello) a los que desde muy pequeños los padres les amarran las llaves de la casa en el cuello, obligándolos a cuidarse sólos la mayor parte del día.
CONSECUENCIAS DE LA NEGLIGENCIA PSICOAFECTIVA
Este tipo de negligencia se produce en familias pertenecientes  a las clases más favorecidas en las que los niños aparecen exteriormente bien cuidados pero interiormente sufren de la falta de afecto y de reconocimiento de sus derechos infantiles. Estas carencias afectivas se acompañan con frecuencia de violencia psicológica, la violencia psicológica es más difícil de detectar y de demostrar por lo que suelen ser menos ayudados y protegidos
Según Cantwell (1984): “estos padres son fríos, distantes y poco demostrativos con sus hijos. No miran casi nunca a sus hijos y les hablan muy poco, no muestran interés pro ellos y en presencia, por ejemplo de otros adultos y/o interesados por sus propias actividades ignoran más rápidamente la presencia de sus hijos. La ausencia de cariño, empatía, y aceptación, así como de estímullos afectivos y cognitivos (mostrarles cariño, hablarles, estimularles) son evidentes”.
CONSECUENCIAS TRAUMÁTICAS DE LA EXPERIENCIA
Desarrollan baja autoestima y un sentimiento de inferioridad.
Los comportamientos negligentes que son reforzados por las palabras que los acompañan, desarrollan poco a poco en las víctimas un sentimiento de inferioridad, una baja estima de sí mismo, un sentimiento de inadecuación, así como tristeza y ansiedad crónica.
Visión del mundo amenazante y poco segura, vivencia depresiva del mundo
El “niño mal amado” no sólo tiene una mala imagen de sí mismo, sino que desarrolla una visión del mundo que le es amenazante y poco segura. Esta vivencia depresiva se explica porque una parte de su mundo (sus padres), el más importante para él, objetivamente le rechaza, y porque el niño tiende a proyectar sentimientos de frustración, hostilidad, inseguridad e inadeucación sobre el mundo exterior. Al recibir poco de sus padres, esperan muy poco de los demás, desconfían de todo el mundo.
Muchos pacientes adultos que presentan trastornos depresivos pueden ser ayudados si se les conduce a establecer vículos entre el contenido de sus síntomas y sus experiencias infantiles de negligencia y carencias afectivas.
Desarrollo de un modelo relacional de dependencia-desconfianza.
 El modelo de relación interpersonal de estos niños se caracteriza por oscilaciones entre la dependencia y el rechazo. Debido a la indiferencias de sus padres, el niño puede ser extremadamente dependiente de cualquier signo de afecto de éstos y de cualquier adulto. Por eso, trata de llamar la atención utilizando todos los medios posibles para procurarse un poco de cariño y cuidados. De esta manera puede abrirse acualquir adulto sin discriminar, exponiéndose a situaciones de peligro (abuso sexual) o de rechazo.
Una vez lograda la preocupación del adulto, esta dependencia puede transformarse en retirada, que él utiliza para protegerse del sufrimiento suplementario que conlleva la posibilidad de una nueva frustración.
Así estos niños pueden dejar de buscar, el afecto, congelar sus emociones, y aislarse emocionalmente, negándose a ofrecer o participar en relaciones afectivas calurosas y duraderas. Poco a poco se transforman en niños apáticos y distantes.
La otra posibilidad para protegerse de la frustración es retirarse hacia un universo de fantasía donde el niño se evade de su dolor imaginando ser un niño todopoderoso que no necesita de nadie.
LOS NIÑOS MALTRATADOS POR SUS PADRES APRENDEN LO QUE ES LA VIOLENCIA A TRAVÉS DEL COMPORTAMIENTO DE ÉSTOS
Según Miller (2009, p. 14):
“El niño maltratado por sus padres aprende lo que es la violencia a través del comportamiento de éstos. Es una verdad indiscutible que cualquier maestra de educación infantil podría confirmar si mirase libremente a us alrededor: el niño que sufre maltrato en el hogar pega a los más débiles en la guardería y en casa”.
LOS NIÑOS MALTRATADOS NIEGAN QUE LOS HAYAN MALTRATADO Y VIVEN DENTRO DE UNA MENTIRA
Miller (2209, p. 30):
“La completa negación del dolor al principio de nuestra vida es fatal. Imaginémonos que una persona quiere realizar una excursión a pie y justo al principio se tuerce el tobillo. Aunque intente ignorar el dolor y seguir caminando, porque le apetece mucho dar ese paseo, los otrosse darán cuenta más tarde o más temparano de que cojea. Le preguntarán qué le ha sucedido. Entonces contará su historia, entenderán por qué cojea y le aconsejarán que alguien la trate.
Es muy diferente cuando se trata del dolor de la infancia, que desempeña un papel similar al del tobillo torcido al principio de la excursión. Uno no puede autoconvencerse de que no existe, pues determinará todo nuestro camino, con la diferencia, no obstante, de que por lo general nadie le dará importancia a este hecho. En este caso, toda la sociedad está, en cierta medida, de acuerdo con la persona que sufre, que no quiere relatar lo sucedido. Posiblemente aquel cuya integridad se ha visto herida carece también de recuerdos. Disimulará, porque tiene que vivir junto a personas que trivializan los traumas de la infancia. Por lo tanto, su vida transcurrirá como la persona que justo al principio se tuerce el tobillo pero no quiere admitirlo y finge que no le ha sucedido nada. Sin embargo, si conoce a alguien que hace tiempo que sabe de las repercusiones que los traumas de la infancia tienen a largo plazo, tendrá la posibilidad de dejar de ocultar esos traumas y permitir que se curen las heridas”.
LOS NIÑOS MALTRATADOS SIEMPRE ESPERAN QUE SUS PADRES CAMBIEN
Miller (2009 p.54):
“Esta escena muestra claramente la tragedia de los niños maltratados. Su propio sufrimiento no tiene ningún valor. Han ignorado su dolor e interiorizado de tal manera lo que sus padres y la sociedad han hecho que, como adultos, sólo pueden sentir compasión por sus padres, pero no son capaces de mostrar empatía con el niño que una vez fueron. Y a esto todos lo denominamos amor.

Pero ¿qué era este “amor” sino la esperanza infinita de que su madre cambiase, la constante espera de un cariño sin condiciones, de una ternura reconfortante, del final del miedo y las mentiras? Esta espera del amor no es amor. Aunque lo llamemos siempre así.”

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