MALTRATOS FÍSICOS ¿CÓMO SON EXPERIMENTADOS DESDE LA
MENTE DEL NIÑO Y POSTERIORMENTE EN EL ADULTO?
Según el libro de de Jorge Barudy (1998) en el cual
implica a las propias familias en el abordaje del maltrato infantil desde la perspectiva
de la terapia familiar analizando las interacciones en la familia.
Barudy (1998, p.153), nos explica
que aunque los niños golpeados reciben golpes que duelen mucho les afecta mucho
más el contexto de terror y desprotección, y la relación de poder asimétrica
que tiene con los padres. Les traumatiza más el ambiente de tensión y terror
latente que existe en estas familias que el hecho de ser golpeados.
Hay un factor que siempre está
presente en las situaciones de maltrato que es la impotencia. Estos niños
están completamente en manos del padre o la madre agresores y amenudo sin la protección
de otro. Viven la indiferencia de otros adultos, vecions y/o profesores que no
van a hacer nada para cambiar la situación.
Los intentos de resistir al carácter
injusto de los golpes, de denunciarlos o de huir estan bloqueados por sentimientos
de culpabilidad, de su propia dependencia hacia la familia.
El niño se encuentra en una
situación de peligro permanente y siente angustia e impotencia que son mayores
cuanto más pequeño es. En ese ambiente el niño víctima aprenderá a considerar esta
impotencia como normal y se deja llevar y aprende a no reaccionar frente a la agresión.
Es una situación injusta que
no entienden. No saben porque les está ocurriendo. Aprenden que es una situación
normal y predecible y a no defenderse.
Puede que al contrario, controle
su miedo y su angustia y se identifique con el agresor y más tarde se convertirá
en un padre agresor.
El dolor es otro componente clave del maltrato físico. Las
víctimas de violencia no tienen un recuerdo claro de ese dolor. La experiencia
de terror y de miedo ocupa todo su espacio de memoria. Barudy (1998), había constatado
este hecho también en la experiencia de personas que fueron víctimas de la tortura.
Según Alice Miller (2009, p.
155) que lleva más de 30 años estudiando el maltrato infantil, lo más doloroso
no son los golpes sino el hecho de que quien los golpea son sus padres, el vínculo
más importante que tenemos en la infancia es el que tenemos con nuestra madre,
nuestro padre:
“Sonia, una
niña de 14 años golpeada durante años expresaría su experiencia en una sesión
de terapia de esta forma:
Lo que más me duele no son los golpes, no es
solamente el hecho de ser golpeada, es el hecho de que sea mi madre quien lo
hace. Yo quiero a mi madre. ¿Por qué yo, qué le he hecho? ¿Por qué esto me pasa
sólo a mí?. Es injusto.”
LAS CONSECUENCIAS PSICOSOCIALES DEL MALTRATO DEL
MALTRATO FÍSICO
1. Los trastornos de identidad
El niño golpeado suele tener
una mala imagen de sí mismo. A menudo está convencido de ser la causa del
nerviosismo de los padres. Se cree malo, inadecuado y peligroso. En ocasiones,
como mecanismo de defensa, puede desarrollar la creencia de ser fuerte,
todopoderoso, capaz de vencer a sus padres y a otros adultos.
2. Una autoestima pobre
Estos niños tienen a menudo
sentimientos de inferioridad y dudan de su capacidad, lo que se expresa con
comportamientos tímidos y miedosos, o al contrario por comportamientos agitados
y espectaculares, con los que tratan de llamar la atención de los que les rodean.
3. La ansiedad, la angustia
y la depresión
Ésta puede expresarse por
trastornos del comportamiento y sobre todo por miedo y ansiedad desencadenada
por situaciones donde un adulto se muestra agresivo o autoritario. La angustia
puede presentarse sola o acompañada con los componentes del Síndrome de estrés
postraumático. A veces este trastorno puede estar enmascarado por otros,
especialmente por mecanismos adaptativos a la situación. Algunos de estos niños
desconfían de los contactos físicos, particularmente de los adultos, y se
alteran cuando un adulto se acerca a otro niño, particularmente si llora.
También presentan problemas de concentración, trabajan mal en clase, retienen
difícilmente el contenido de las materias y tienen gran dificultad para seguir
las instrucciones de los profesores.
Al igual que los niños carenciados, los niños
golpeados desarrollan lentamente sentimientos de depresión y de desesperación y
comportamientos autodestructivos que incluyen la automutilación. No se sienten
respetados y no sólo por sus padres, sino por el mundo adulto en general, al
que perciben como desprotector e inseguro.
CONSECUENCIAS DE LA NEGLIGENCIA EN LOS NIÑOS
Según Barudy (1998):
“Los niños mal cuidados
sufren de una ausencia crónica de cuidados, ya sea físicos, médicos, afectivos
y/o cognitivos. Por lo tanto se presentan sintomáticamente mal alimentados y
hambrientos, sucios y mal vestidos (ya sea demasiado abrigados o desabrigados).
Habitualmente sus padres o cuidadores los dejan solos sin la vigilancia
adecuada. Ignorados y/o rechazados por sus padres, estos niños son víctimas de
una deprivación psicoafectiva permanente, así como una falta de estimulación
social y cultural necesaria para asegurarles un desarrollo sociocognitivo
adecuado”
El niño víctima de negligencia
se siente como un ser a parte, su falta de higiene y su forma inadecuada de vestirse
y comportarse provocan rechazo en sus compañeros de clases y de los adultos que
le cuidan. Su aspecto sucio y su mal olor provocan el alejamiento de sus iguales
y refuerzan sus vivencias familares de rechazo y soledad.
Estos niños a los que se deja
solos y sin vigilancia de forma frecuente o al cuidado de otros menores pueden
sufrir accidentes domésticos o pueden ser agredidos física y/o sexualmente por niños
mayores o adultos abusadores y son las vícimas predilectas de pedófilos. En los
países industrializados existe una categoría singular de niños que están
descuidados (los llamados niños con la llave al cuello) a los que desde muy
pequeños los padres les amarran las llaves de la casa en el cuello,
obligándolos a cuidarse sólos la mayor parte del día.
CONSECUENCIAS DE LA NEGLIGENCIA PSICOAFECTIVA
Este tipo de negligencia se produce
en familias pertenecientes a las clases más
favorecidas en las que los niños aparecen exteriormente bien cuidados pero interiormente
sufren de la falta de afecto y de reconocimiento de sus derechos infantiles. Estas
carencias afectivas se acompañan con frecuencia de violencia psicológica, la violencia
psicológica es más difícil de detectar y de demostrar por lo que suelen ser menos
ayudados y protegidos
Según Cantwell (1984): “estos padres son fríos, distantes y poco
demostrativos con sus hijos. No miran casi nunca a sus hijos y les hablan muy
poco, no muestran interés pro ellos y en presencia, por ejemplo de otros
adultos y/o interesados por sus propias actividades ignoran más rápidamente la
presencia de sus hijos. La ausencia de cariño, empatía, y aceptación, así como
de estímullos afectivos y cognitivos (mostrarles cariño, hablarles,
estimularles) son evidentes”.
CONSECUENCIAS TRAUMÁTICAS DE
LA EXPERIENCIA
Desarrollan baja
autoestima y un sentimiento de inferioridad.
Los comportamientos
negligentes que son reforzados por las palabras que los acompañan, desarrollan
poco a poco en las víctimas un sentimiento de inferioridad, una baja estima de
sí mismo, un sentimiento de inadecuación, así como tristeza y ansiedad crónica.
Visión del mundo
amenazante y poco segura, vivencia depresiva del mundo
El “niño mal amado” no sólo
tiene una mala imagen de sí mismo, sino que desarrolla una visión del mundo que
le es amenazante y poco segura. Esta vivencia depresiva se explica porque una
parte de su mundo (sus padres), el más importante para él, objetivamente le rechaza,
y porque el niño tiende a proyectar sentimientos de frustración, hostilidad,
inseguridad e inadeucación sobre el mundo exterior. Al recibir poco de sus padres,
esperan muy poco de los demás, desconfían de todo el mundo.
Muchos pacientes adultos que
presentan trastornos depresivos pueden ser ayudados si se les conduce a
establecer vículos entre el contenido de sus síntomas y sus experiencias
infantiles de negligencia y carencias afectivas.
Desarrollo de un
modelo relacional de dependencia-desconfianza.
El modelo de relación interpersonal de estos
niños se caracteriza por oscilaciones entre la dependencia y el rechazo. Debido
a la indiferencias de sus padres, el niño puede ser extremadamente dependiente
de cualquier signo de afecto de éstos y de cualquier adulto. Por eso, trata de
llamar la atención utilizando todos los medios posibles para procurarse un poco
de cariño y cuidados. De esta manera puede abrirse acualquir adulto sin
discriminar, exponiéndose a situaciones de peligro (abuso sexual) o de rechazo.
Una vez lograda la
preocupación del adulto, esta dependencia puede transformarse en retirada, que
él utiliza para protegerse del sufrimiento suplementario que conlleva la
posibilidad de una nueva frustración.
Así estos niños pueden dejar
de buscar, el afecto, congelar sus emociones, y aislarse emocionalmente,
negándose a ofrecer o participar en relaciones afectivas calurosas y duraderas.
Poco a poco se transforman en niños apáticos y distantes.
La otra posibilidad para
protegerse de la frustración es retirarse hacia un universo de fantasía donde
el niño se evade de su dolor imaginando ser un niño todopoderoso que no
necesita de nadie.
LOS NIÑOS MALTRATADOS POR SUS PADRES APRENDEN LO QUE
ES LA VIOLENCIA A TRAVÉS DEL COMPORTAMIENTO DE ÉSTOS
Según Miller (2009, p. 14):
“El niño maltratado por sus
padres aprende lo que es la violencia a través del comportamiento de éstos. Es
una verdad indiscutible que cualquier maestra de educación infantil podría
confirmar si mirase libremente a us alrededor: el niño que sufre maltrato en el
hogar pega a los más débiles en la guardería y en casa”.
LOS NIÑOS MALTRATADOS NIEGAN QUE LOS HAYAN MALTRATADO
Y VIVEN DENTRO DE UNA MENTIRA
Miller (2209, p. 30):
“La completa negación del
dolor al principio de nuestra vida es fatal. Imaginémonos que una persona
quiere realizar una excursión a pie y justo al principio se tuerce el tobillo.
Aunque intente ignorar el dolor y seguir caminando, porque le apetece mucho dar
ese paseo, los otrosse darán cuenta más tarde o más temparano de que cojea. Le
preguntarán qué le ha sucedido. Entonces contará su historia, entenderán por
qué cojea y le aconsejarán que alguien la trate.
Es muy diferente cuando se
trata del dolor de la infancia, que desempeña un papel similar al del tobillo
torcido al principio de la excursión. Uno no puede autoconvencerse de que no
existe, pues determinará todo nuestro camino, con la diferencia, no obstante,
de que por lo general nadie le dará importancia a este hecho. En este caso,
toda la sociedad está, en cierta medida, de acuerdo con la persona que sufre,
que no quiere relatar lo sucedido. Posiblemente aquel cuya integridad se ha
visto herida carece también de recuerdos. Disimulará, porque tiene que vivir
junto a personas que trivializan los traumas de la infancia. Por lo tanto, su
vida transcurrirá como la persona que justo al principio se tuerce el tobillo
pero no quiere admitirlo y finge que no le ha sucedido nada. Sin embargo, si
conoce a alguien que hace tiempo que sabe de las repercusiones que los traumas
de la infancia tienen a largo plazo, tendrá la posibilidad de dejar de ocultar
esos traumas y permitir que se curen las heridas”.
LOS NIÑOS MALTRATADOS SIEMPRE ESPERAN QUE SUS PADRES
CAMBIEN
Miller
(2009 p.54):
“Esta escena muestra
claramente la tragedia de los niños maltratados. Su propio sufrimiento no tiene
ningún valor. Han ignorado su dolor e interiorizado de tal manera lo que sus
padres y la sociedad han hecho que, como adultos, sólo pueden sentir compasión
por sus padres, pero no son capaces de mostrar empatía con el niño que una vez
fueron. Y a esto todos lo denominamos amor.
Pero ¿qué era este “amor”
sino la esperanza infinita de que su madre cambiase, la constante espera de un
cariño sin condiciones, de una ternura reconfortante, del final del miedo y las
mentiras? Esta espera del amor no es amor. Aunque lo llamemos siempre así.”
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