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domingo, 16 de febrero de 2014

¿Cómo es experimentado e interiorizado el maltrato infantil desde la perspectiva del niño y luego la del adulto?

MALTRATOS FÍSICOS ¿CÓMO SON EXPERIMENTADOS DESDE LA MENTE DEL NIÑO Y POSTERIORMENTE EN EL ADULTO?
Según el libro de de Jorge Barudy (1998) en el cual implica a las propias familias en el abordaje del maltrato infantil desde la perspectiva de la terapia familiar analizando las interacciones en la familia.
Barudy (1998, p.153), nos explica que aunque los niños golpeados reciben golpes que duelen mucho les afecta mucho más el contexto de terror y desprotección, y la relación de poder asimétrica que tiene con los padres. Les traumatiza más el ambiente de tensión y terror latente que existe en estas familias que el hecho de ser golpeados.
Hay un factor que siempre está presente en las situaciones de maltrato que es la impotencia. Estos niños están completamente en manos del padre o la madre agresores y amenudo sin la protección de otro. Viven la indiferencia de otros adultos, vecions y/o profesores que no van a hacer nada para cambiar la situación.
Los intentos de resistir al carácter injusto de los golpes, de denunciarlos o de huir estan bloqueados por sentimientos de culpabilidad, de su propia dependencia hacia la familia.
El niño se encuentra en una situación de peligro permanente y siente angustia e impotencia que son mayores cuanto más pequeño es. En ese ambiente el niño víctima aprenderá a considerar esta impotencia como normal y se deja llevar y aprende a no reaccionar frente a la agresión.
Es una situación injusta que no entienden. No saben porque les está ocurriendo. Aprenden que es una situación normal y predecible y a no defenderse.
Puede que al contrario, controle su miedo y su angustia y se identifique con el agresor y más tarde se convertirá en un padre agresor.
El dolor es otro componente clave del maltrato físico. Las víctimas de violencia no tienen un recuerdo claro de ese dolor. La experiencia de terror y de miedo ocupa todo su espacio de memoria. Barudy (1998), había constatado este hecho también en la experiencia de personas que fueron víctimas de la tortura.
Según Alice Miller (2009, p. 155) que lleva más de 30 años estudiando el maltrato infantil, lo más doloroso no son los golpes sino el hecho de que quien los golpea son sus padres, el vínculo más importante que tenemos en la infancia es el que tenemos con nuestra madre, nuestro padre:
 “Sonia, una niña de 14 años golpeada durante años expresaría su experiencia en una sesión de terapia de esta forma:
Lo que más me duele no son los golpes, no es solamente el hecho de ser golpeada, es el hecho de que sea mi madre quien lo hace. Yo quiero a mi madre. ¿Por qué yo, qué le he hecho? ¿Por qué esto me pasa sólo a mí?. Es injusto.”
LAS CONSECUENCIAS PSICOSOCIALES DEL MALTRATO DEL MALTRATO FÍSICO
1. Los trastornos de identidad
El niño golpeado suele tener una mala imagen de sí mismo. A menudo está convencido de ser la causa del nerviosismo de los padres. Se cree malo, inadecuado y peligroso. En ocasiones, como mecanismo de defensa, puede desarrollar la creencia de ser fuerte, todopoderoso, capaz de vencer a sus padres y a otros adultos.
2. Una autoestima pobre
Estos niños tienen a menudo sentimientos de inferioridad y dudan de su capacidad, lo que se expresa con comportamientos tímidos y miedosos, o al contrario por comportamientos agitados y espectaculares, con los que tratan de llamar la atención de los que  les rodean.
3. La ansiedad, la angustia y la depresión
Ésta puede expresarse por trastornos del comportamiento y sobre todo por miedo y ansiedad desencadenada por situaciones donde un adulto se muestra agresivo o autoritario. La angustia puede presentarse sola o acompañada con los componentes del Síndrome de estrés postraumático. A veces este trastorno puede estar enmascarado por otros, especialmente por mecanismos adaptativos a la situación. Algunos de estos niños desconfían de los contactos físicos, particularmente de los adultos, y se alteran cuando un adulto se acerca a otro niño, particularmente si llora. También presentan problemas de concentración, trabajan mal en clase, retienen difícilmente el contenido de las materias y tienen gran dificultad para seguir las instrucciones de los profesores.
Al igual que los niños carenciados, los niños golpeados desarrollan lentamente sentimientos de depresión y de desesperación y comportamientos autodestructivos que incluyen la automutilación. No se sienten respetados y no sólo por sus padres, sino por el mundo adulto en general, al que perciben como desprotector e inseguro.
CONSECUENCIAS DE LA NEGLIGENCIA EN LOS NIÑOS
Según Barudy (1998):
“Los niños mal cuidados sufren de una ausencia crónica de cuidados, ya sea físicos, médicos, afectivos y/o cognitivos. Por lo tanto se presentan sintomáticamente mal alimentados y hambrientos, sucios y mal vestidos (ya sea demasiado abrigados o desabrigados). Habitualmente sus padres o cuidadores los dejan solos sin la vigilancia adecuada. Ignorados y/o rechazados por sus padres, estos niños son víctimas de una deprivación psicoafectiva permanente, así como una falta de estimulación social y cultural necesaria para asegurarles un desarrollo sociocognitivo adecuado”
El niño víctima de negligencia se siente como un ser a parte, su falta de higiene y su forma inadecuada de vestirse y comportarse provocan rechazo en sus compañeros de clases y de los adultos que le cuidan. Su aspecto sucio y su mal olor provocan el alejamiento de sus iguales y refuerzan sus vivencias familares de rechazo y soledad.
Estos niños a los que se deja solos y sin vigilancia de forma frecuente o al cuidado de otros menores pueden sufrir accidentes domésticos o pueden ser agredidos física y/o sexualmente por niños mayores o adultos abusadores y son las vícimas predilectas de pedófilos. En los países industrializados existe una categoría singular de niños que están descuidados (los llamados niños con la llave al cuello) a los que desde muy pequeños los padres les amarran las llaves de la casa en el cuello, obligándolos a cuidarse sólos la mayor parte del día.
CONSECUENCIAS DE LA NEGLIGENCIA PSICOAFECTIVA
Este tipo de negligencia se produce en familias pertenecientes  a las clases más favorecidas en las que los niños aparecen exteriormente bien cuidados pero interiormente sufren de la falta de afecto y de reconocimiento de sus derechos infantiles. Estas carencias afectivas se acompañan con frecuencia de violencia psicológica, la violencia psicológica es más difícil de detectar y de demostrar por lo que suelen ser menos ayudados y protegidos
Según Cantwell (1984): “estos padres son fríos, distantes y poco demostrativos con sus hijos. No miran casi nunca a sus hijos y les hablan muy poco, no muestran interés pro ellos y en presencia, por ejemplo de otros adultos y/o interesados por sus propias actividades ignoran más rápidamente la presencia de sus hijos. La ausencia de cariño, empatía, y aceptación, así como de estímullos afectivos y cognitivos (mostrarles cariño, hablarles, estimularles) son evidentes”.
CONSECUENCIAS TRAUMÁTICAS DE LA EXPERIENCIA
Desarrollan baja autoestima y un sentimiento de inferioridad.
Los comportamientos negligentes que son reforzados por las palabras que los acompañan, desarrollan poco a poco en las víctimas un sentimiento de inferioridad, una baja estima de sí mismo, un sentimiento de inadecuación, así como tristeza y ansiedad crónica.
Visión del mundo amenazante y poco segura, vivencia depresiva del mundo
El “niño mal amado” no sólo tiene una mala imagen de sí mismo, sino que desarrolla una visión del mundo que le es amenazante y poco segura. Esta vivencia depresiva se explica porque una parte de su mundo (sus padres), el más importante para él, objetivamente le rechaza, y porque el niño tiende a proyectar sentimientos de frustración, hostilidad, inseguridad e inadeucación sobre el mundo exterior. Al recibir poco de sus padres, esperan muy poco de los demás, desconfían de todo el mundo.
Muchos pacientes adultos que presentan trastornos depresivos pueden ser ayudados si se les conduce a establecer vículos entre el contenido de sus síntomas y sus experiencias infantiles de negligencia y carencias afectivas.
Desarrollo de un modelo relacional de dependencia-desconfianza.
 El modelo de relación interpersonal de estos niños se caracteriza por oscilaciones entre la dependencia y el rechazo. Debido a la indiferencias de sus padres, el niño puede ser extremadamente dependiente de cualquier signo de afecto de éstos y de cualquier adulto. Por eso, trata de llamar la atención utilizando todos los medios posibles para procurarse un poco de cariño y cuidados. De esta manera puede abrirse acualquir adulto sin discriminar, exponiéndose a situaciones de peligro (abuso sexual) o de rechazo.
Una vez lograda la preocupación del adulto, esta dependencia puede transformarse en retirada, que él utiliza para protegerse del sufrimiento suplementario que conlleva la posibilidad de una nueva frustración.
Así estos niños pueden dejar de buscar, el afecto, congelar sus emociones, y aislarse emocionalmente, negándose a ofrecer o participar en relaciones afectivas calurosas y duraderas. Poco a poco se transforman en niños apáticos y distantes.
La otra posibilidad para protegerse de la frustración es retirarse hacia un universo de fantasía donde el niño se evade de su dolor imaginando ser un niño todopoderoso que no necesita de nadie.
LOS NIÑOS MALTRATADOS POR SUS PADRES APRENDEN LO QUE ES LA VIOLENCIA A TRAVÉS DEL COMPORTAMIENTO DE ÉSTOS
Según Miller (2009, p. 14):
“El niño maltratado por sus padres aprende lo que es la violencia a través del comportamiento de éstos. Es una verdad indiscutible que cualquier maestra de educación infantil podría confirmar si mirase libremente a us alrededor: el niño que sufre maltrato en el hogar pega a los más débiles en la guardería y en casa”.
LOS NIÑOS MALTRATADOS NIEGAN QUE LOS HAYAN MALTRATADO Y VIVEN DENTRO DE UNA MENTIRA
Miller (2209, p. 30):
“La completa negación del dolor al principio de nuestra vida es fatal. Imaginémonos que una persona quiere realizar una excursión a pie y justo al principio se tuerce el tobillo. Aunque intente ignorar el dolor y seguir caminando, porque le apetece mucho dar ese paseo, los otrosse darán cuenta más tarde o más temparano de que cojea. Le preguntarán qué le ha sucedido. Entonces contará su historia, entenderán por qué cojea y le aconsejarán que alguien la trate.
Es muy diferente cuando se trata del dolor de la infancia, que desempeña un papel similar al del tobillo torcido al principio de la excursión. Uno no puede autoconvencerse de que no existe, pues determinará todo nuestro camino, con la diferencia, no obstante, de que por lo general nadie le dará importancia a este hecho. En este caso, toda la sociedad está, en cierta medida, de acuerdo con la persona que sufre, que no quiere relatar lo sucedido. Posiblemente aquel cuya integridad se ha visto herida carece también de recuerdos. Disimulará, porque tiene que vivir junto a personas que trivializan los traumas de la infancia. Por lo tanto, su vida transcurrirá como la persona que justo al principio se tuerce el tobillo pero no quiere admitirlo y finge que no le ha sucedido nada. Sin embargo, si conoce a alguien que hace tiempo que sabe de las repercusiones que los traumas de la infancia tienen a largo plazo, tendrá la posibilidad de dejar de ocultar esos traumas y permitir que se curen las heridas”.
LOS NIÑOS MALTRATADOS SIEMPRE ESPERAN QUE SUS PADRES CAMBIEN
Miller (2009 p.54):
“Esta escena muestra claramente la tragedia de los niños maltratados. Su propio sufrimiento no tiene ningún valor. Han ignorado su dolor e interiorizado de tal manera lo que sus padres y la sociedad han hecho que, como adultos, sólo pueden sentir compasión por sus padres, pero no son capaces de mostrar empatía con el niño que una vez fueron. Y a esto todos lo denominamos amor.

Pero ¿qué era este “amor” sino la esperanza infinita de que su madre cambiase, la constante espera de un cariño sin condiciones, de una ternura reconfortante, del final del miedo y las mentiras? Esta espera del amor no es amor. Aunque lo llamemos siempre así.”

sábado, 15 de febrero de 2014

http://medicablogs.diariomedico.com/reflepsiones/2009/12/17/comorbilidad-entre-depresion-y-trastornos-de-conducta/

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Comorbilidad entre depresión y trastornos de conducta

17 de diciembre de 2009 | escrito por | clasificado en General,OER
FlickrEs evidente que los trastornos de conducta, en todas sus posibles gradaciones: desobediencia, hiperactividad, delincuencia y agresión, son el otro bloque en donde aparece una clara comorbilidad con la depresión. Esta relación se encuentra repetidamente con problemas de conducta, como por ejemplo la agresión, la ira y la irritabilidad.
Hoy este fenómeno de comorbilidad está ya recogido en los criterios diagnósticos, en donde, como es sabido, la irritabilidad puede llegar a sustituir la anhedonia en población infantil y juvenil. Es especialmente importante atender a esta comorbilidad para evitar la confusión diagnóstica y atacar directamente el problema depresivo.
Comorbilidad entre Depresión y TDAH
La depresión también muestra una fuerte comorbilidad con el TDAH y, a pesar de que prácticamente todos los estudios que han abordado el problema ponen en evidencia la asociación, difieren mucho en cuanto a los porcentajes de coincidencia entre ambos trastornos. Una vez más, las cifras vienen determinadas por la metodología de estudio utilizada. De todos modos, diversos estudios coinciden en señalar que alrededor del 30% de los niños con TDAH tienen asociado algún trastorno afectivo (depresión mayor, trastorno bipolar o trastorno distímico). Es obvio que estas cifras disminuyen mucho cuando el estudio se realiza entre pacientes obtenidos de muestras poblacionales, en lugar de utilizar los niños que acuden a la consulta.
Se debe hacer notar que no es raro que algunos síntomas depresivos pasen desapercibidos por los padres, y únicamente puedan evidenciarse a partir de la entrevista individual con el niño. Los padres pueden ser muy conscientes de la falta de concentración, la impulsividad y los trastornos de conducta, pero pueden tener poco conocimiento sobre los sentimientos de culpa y los problemas del sueño.
Los aspectos depresivos que más se suelen apreciar en niños con TDAH son la falta de autoestima, el estado de ánimo irritable, falta de energía, somatizaciones y problemas del sueño. También debe hacerse notar que algún síntoma relacionado con la dificultad para concentrarse es propio tanto del TDAH como del trastorno depresivo.
No parece que las características y la evolución de la depresión en niños con TDAH difieran de la depresión en niños sin TDAH.
Tampoco se ha evidenciado que el riesgo de suicidio sea mayor en niños con TDAH y depresión, que en aquellos que únicamente tienen depresión; pero, si al TDAH y la depresión se añade una personalidad impulsiva-agresiva, entonces el riesgo de suicidio aumenta significativamente.
DETECCIÓN Y PREVENCIÓN
Siempre que se habla de un trastorno de la infancia se debería investigar e informarse acerca de cómo se realizaría una detección precoz del problema, para no dejar pasar los primeros estadios de este, y la importancia de prevenirlos en la medida de lo posible.
Detección
Se habla de detección precoz cuando, como resultado de la actividad profesional tanto pediátrica como pedagógica, se puede intuir la inminente aparición de un cuadro psicopatológico, general o específico, y se adoptan las medidas iniciales para detectar y derivar a un especialista, la aparición de dicho episodio psicopatológico (agudo o duradero en el tiempo).
Pero existe otro modo de detectar cualquier tipo de trastorno en la infancia, es cuando un adulto de su entorno sospecha que algo no marcha bien y entonces es remitido a un profesional (pediatra, psicólogo, psiquiatra…). Por ello es importante que las personas que tratan al niño a diario, tengan una información suficiente que les permita llevar a cabo esta primera detección.
La información es el medio óptimo para una buena toma de decisiones y estar en un justo término medio que permita alarmarse por lo importante y desatender lo irrelevante.
Lo que se va a analizar a continuación son las conductas que pueden representar una señal de alarma de depresión y a las que hay que atender.
Cuando empieza la depresión en un niño, suele advertirse un cambio, un antes y un después que resulta chocante si se atiende suficientemente, pero no siempre resulta evidente, sobre todo si el cambio se da de manera paulatina. Para proporcionar una guía observable se van a indicar a continuación una serie de cambios esperables en un niño que ha desarrollado una depresión. Los cambios más frecuentes son:
a) Cambio de forma de ser.
  • Un niño que previamente era alegre, se vuelve apagado, taciturno, triste y malhumorado.
  • Un niño que era seguro de sí mismo se vuelve inseguro.
  • Un niño que era sociable y disfrutaba del juego se vuelve insociable y prefiere estar y jugar solo.
  • Un niño que era cariñoso se vuelve huraño.
  • Un niño que era manejable y obediente se vuelve difícil.
b) Cambio en funciones corporales.
  • Pasa a dormir más, menos o más irregularmente que antes.
  • Pasa a comer mucho más o mucho menos que antes.
  • Se queja más que antes de dolores o problemas corporales.
  • Se siente más cansado que antes.
  • Cambia sensiblemente de peso.
c) Cambio en funciones mentales.
  • Se olvida de las cosas más que antes.
  • Tiene muchos más problemas para concentrarse en lo que hace.
  • Desciende su rendimiento escolar.
No tienen porque darse todas estas conductas, es más, rara vez se dan en su totalidad, pero para que se pueda hablar propiamente de una depresión, cómo ya se ha comentado, es imprescindible que la tristeza y la falta de disfrute estén presentes. Tenemos que tener presente que en niños se suele dar muchas veces la irritabilidad en forma de tristeza.
La detección precoz del problema y la rápida búsqueda de ayuda profesional, son los mejores predictores de una rápida solución a un problema como es la depresión infantil. Si los padres detectan síntomas de depresión en su hijo, deben acudir lo más rápidamente posible en busca de ayuda profesional.
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Autora: Amelia Catalán Borja
Fotografía: Flickr

Un 75% de los niños con TDAH están sin diagnosticar y un 97% de los adultos

“Un 97% de los adultos con TDAH no están diagnosticados, un 75% de los niños con TDAH están sin diagnosticar y un 25% de pacientes que llegan a nuestras consultas de psiquiatría tienen un diagnostico erróneo por parte de pediatría o por parte del médicos de primaria. Estas cifras nos dan una idea de cómo está el diagnostico y tratamiento de esta enfermedad en nuestro país. Es un auténtico caos el diagnostico de esta enfermedad en España”, ha revelado el Doctor Francisco Montañés, Jefe de Psiquiatría del Hospital Fundación de Alcorcón, coordinador de un Grupo de psiquiatras que agrupa a los mejores especialistas en el tratamiento del TDAH de toda España denominado GEITDAH, siglas que responden al nombre de Grupo de Especial Interés en TDAH.
En opinión de este Psiquiatra, “un 25% de los casos que nos derivan no tienen TDAH, pero sí sufren otros trastornos como asperger, trastorno de la conducta desafiante (TND) o enfermedades más graves neurológicas. En cambio las cifras de infradiagnóstico en nuestro país son alarmantes como ya señaló hace tres años la Doctora Mar Domingo, Psiquiatra del Hospital Gregorio Marañón. Seguimos al nivel de Letonia en el diagnóstico, pero además, se equivocan más”, acaba de señalar el Doctor Montañés.
Los psiquiatras apuntan que es muy fácil confundir el diagnóstico de TDAH, porque estos niños presentan un 80% de comorbilidad con otras enfermedades psiquiátricas y neurológicas como el autismo, trastornos específicos del lenguaje (TEL), Trastornos del Desarrollo de la Coordinación, depresión, retraso madurativo mental, Trastornos de Conducta Desafiante (TND), Síndrome de Tourette, trastornos del sueño e irritabilidad.
Según comentan ambos doctores, lo que está claro es que los Doctores de Primaria y Pediatría no son los profesionales adecuados para diagnosticar el TDAH ni para tratar de forma adecuada esta patología. “España tiene un gran vacío en este campo porque tampoco hay Hospitales públicos que sean centros de referencia en el tratamiento de esta patología en España, porque esto supondría un gasto para la Administración en investigación, y, esto no interesa a pesar de que suponga un ahorro a largo plazo porque habrán menos jóvenes adictos. Vivimos en una situación política cortoplacista”, insiste el Doctor Montañés.
Además, este especialista resalta que los casos de adultos con TDAH también deben ser diagnosticados y tratados por los psiquiatras infantiles por dos motivos. El primero, porque este trastorno es genético en un 80% de los casos. Y en segundo lugar porque en muchas ocasiones antes de tratar al niño, el especialista debe analizar el comportamiento de los padres y conocer que comportamientos están proyectando sobre sus hijos “En ocasiones, nos encontramos con que es más conveniente medicar a los padres que a los hijos. Y si éstos mejoran colateralmente mejora el estado de los hijos.” explicaron estos psiquiatras.
Ante estas cifras y el gran riesgo de error en los diagnósticos de primaria, los Jefes de Psiquiatría de los principales hospitales han anunciado que publicarán de forma urgente una Guía Española de Consenso sobre el Diagnostico y Tratamiento del TDAH muy sencilla y corta “El Ministerio ha editado una Guía de 200 páginas que resulta demasiado extensa y poco práctica. Las cifras revelan que no se la han podido leer”, explica el Doctor Montañés.
Esta Guía también es muy importante porque no es lo mismo tratar a un paciente que presenta TDAH y depresión, que tratar a una persona que sufre TDAH y conducta negativa desafiante. Un 85% de los casos TDAH presentan otros trastornos colaterales psiquiátricos “El tratamiento de fondo en ambos casos será un metilfenidato de acción retardada como Medikinet, que dura exactamente su jornada escolar, pero la otra sustancia debe ser rigurosamente diferente en función de la comorbilidad más manifiesta. Los psicoestimulantes son bloqueadores de la dopamina que han demostrado su eficacia en 62 ensayos clínicos en un 77% de los casos. Pero hay que saberlos combinar con el resto de comorbilidades que presente el paciente. Y esto solo lo debe hacer el psiquiatra o el neurólogo”, afirma el Doctor Montañés.
Otra de las novedades que ha descubierto este grupo científico de psiquiatras es que muchos de los niños con TDAH sufren fallos multiorgánicos. Uno de los temas más llamativos que están estudiando estos especialistas es que un alto porcentaje de estos niños y adultos sufren además, otras enfermedades. “Hemos analizado que un 20% de los pacientes con TDAH sufren una mayor incidencia de diabetes, enfermedades del riñón, problemas intestinales, bajos niveles de la hormona de crecimiento y un sistema inmune vegetativo hiperreactivo con muchas más alergias.
En esta área el Doctor Gastaminza, Psiquiatra del Hospital Vall d´Hebron presentará a sus colegas psiquiatras los resultados de un reciente estudio en su hospital en el que se ha comprobado junto a la Unidad de trasplantados que un 22% de los niños que han recibido un trasplante de riñón sufren TDAH. Los Doctores se han llevado una gran sorpresa. Ago que no ocurre con otros trasplantes de órganos. Con este dato los psiquiatras de este hospital catalán han comenzado a trabajar conjuntamente para analizar si la urea o otros factores determinantes en el riñón pueden afectar en los neurotransmisores que determinan nuestra capacidad de atención y aprendizaje. 

Comorbidad TDAH, errores diagnósticos

Compartido de: http://www.edicionesmedicas.com.ar/Actualidad/Ultimas_noticias/TDAH_errores_diagnosticos

TDAH: errores diagnósticos

Publicado el 06.05.2010.
Un 25% de los pacientes con TDAH recibe un diagnóstico erróneo.
El alto porcentaje de equivocación se debe a que este trastorno suele presentarse junto a otras patologías, según los expertos.
Fuente JANO.es
04.05.2010.
“Hasta nuestra consulta llegan más de un 25% de diagnósticos erróneos de supuestos casos de TDAH por parte de primaria y pediatría” según reveló el doctor Fernando Mulas, Jefe de Servicio de Neuropediatría del Hospital la Fe de Valencia en las sextas jornadas organizadas por la Fundación de Ayuda a la Infancia de Castilla y León (FUNDAICY) sobre trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
En opinión de este experto, este elevado porcentaje de error se debe a que el trastorno de TDAH -que afecta a más de un 7% de la población española- suele presentarse con otras patologías al mismo tiempo en estos pacientes. “Hemos analizado que el TDAH presenta hasta un 89% de comorbilidad con otras enfermedades en estos sujetos. Esto quiere decir que las confusiones de diagnóstico son muy habituales. Además, si no tratas la enfermedad colateral con la que se presenta este trastorno, no se diagnostica con precisión al paciente y, por tanto, no abordas su problema de salud. Un 70% de ellos responde al metilfenidato de acción prolongada de 8 horas, pero un 30% restante precisa pruebas genéticas y tratamientos combinados a la carta”, señaló este experto.
Según los expertos, las patologías más frecuentes que presentan los pacientes con TDAH son trastornos de depresión, que afecta hasta un 30% de estos enfermos, trastorno límite de la personalidad (TLP), asociado a un 28% de los pacientes, conductas adictivas, que presentan más de un 25% de los adultos con TDAH, trastorno bipolar, que se manifiesta en un 12% y, trastorno de ansiedad generalizada que sufren más de un 30% de estos pacientes, según explicaron estos especialistas en base a los últimos estudios norteamericanos.
Estas cifras revelan que no todos los casos de TDAH se pueden abordar de la misma forma, ni con los mismos tratamientos farmacológicos, ya que puede que los perfiles de tratamiento adecuados sean muy diferentes en función de la regulación genética de los neurotransmisores: la dopamina, la serotonina, la noreadrenalina y la norepinefrina de cada individuo. Así, cada sujeto necesita una farmacoterapia diferente y siempre complementada con un abordaje psicosocial y educativo, según señalaron estos doctores.
Para el doctor Mulas el diagnóstico debe ser clínico a través de las diferentes pruebas de radioimagen de tres teslas y pruebas neurofisiológicas como los potenciales evocados y, también se pueden añadir otras herramientas tecnológicas como IntegNeuro y la magnetoencefalografía. “Y, tras los últimos descubrimientos, añadiremos las pruebas genéticas para identificar las alteraciones familiares”, explicó el doctor Mulas.
Proyecto IMAGE
El doctor Mulas también anunció los primeros resultados obtenidos del Proyecto IMAGE (Project The International Multi-Centre- Gene), en el que participan varios países europeos, entre ellos, España, con una muestra de más de 200 pacientes afectados por TDAH. Este estudio revela que existen más de tres genes que participan en la herencia genética de este trastorno y dependiendo de cada modificación, este trastorno aparece asociado a otra patología diferente como puede ser trastorno de la personalidad, depresión, ansiedad generalizada, o patologías adictivas.
Este hallazgo, según el doctor Mulas, abre nuevas puertas para desarrollar alternativas específicas de tratamiento, ya que las pruebas genéticas familiares darán la clave para determinar pronósticos de evolución de cada paciente y ayudarán a los clínicos a identificar cuál será el medicamento más acertado para tratar su variante de TDAH y descubrir nuevos fenotipos. “De momento, sabemos que un 70% de la población que sufre TDAH responde adecuadamente al metilfenidato de liberación prolongada óptima que no sobrepasa las 8 horas de duración, pero existe otro 30% de población que deberemos prescribir tratamientos mixtos, según los resultados genéticos de cada individuo y sus familias”, señaló el experto.
Estos estudios genéticos facilitarán el conocimiento de respuesta a determinados fármacos de grupos familiares y, también sus intolerancias, ya que ambos indicadores están condicionados por diferencias genéticas dependiendo de las proteínas transportadoras de cada sujeto. Los resultados se obtendrán de las pruebas genéticas resultantes porque se han descubierto variantes en el gen humano relacionados con la eficacia de los fármacos. “Ya se han mostrado evidencias de que los polimorfismos genéticos determinan las diferencias en el efecto clínico de los diferentes medicamentos y las diferentes vías de cómo estas sustancias acceden al cerebro y al sistema nervioso central. Por esa razón, las pruebas genéticas a todos los pacientes con TDAH tanto adultos como niños nos revelarán datos clave. Nos permitirán obtener la garantía de selección y el tratamiento más efectivo para logar los objetivos deseados”, señaló el especialista.
Enlace relacionado
Fundación de Ayuda a la Infancia de Castilla y León
Fuente
www.jano.es
Fotografía
Foto: infanciahoy.com
Su opinión
edicionesmedicas@edicionesmedicas.com.ar

DIEZ MITOS SOBRE EL TDAH

Compartido de una web: http://www.fundacioncadah.org/web/articulo/diez-mitos-sobre-el-tdah-que-interfieren-con-la-mejoria.html

(Forma parte del curso que estoy haciendo sobre el TDAH)

Diez mitos sobre el TDAH que interfieren con la mejoría


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Dr. Cesar Soutullo, Director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente, Clínica Universitaria de Navarra,
Hay muchos mitos sobre el TDAH, la gente opina sin saber, y todos "saben" cómo cambiar el comportamiento descontrolado del niño. Generalmente la familia, amigos y profesores tienden a culpar consciente o inconscientemente a los padres. Esto es una defensa natural ante una situación difícil del niño. Lo lógico es buscar la respuesta en un problema de los padres o de la familia. Con éste breve artículo pretendemos aclarar algunos de estos falsos mitos. Nuestro objetivo es reducir el estigma del TDAH y favorecer su reconocimiento y detección precoz.

Así podremos prevenir y evitar que los niños sufran los síntomas durante años antes de recibir un diagnóstico correcto y el tratamiento que está disponible. El tratamiento del TDAH es muy seguro y eficaz y lo apoyan muchos estudios científicos.
Mito 1:
El TDAH es culpa de los padres y su diagnóstico es poco fiable 
El TDAH es un trastorno psiquiátrico del cerebral,  su origen es biológico, con transmisión genética (con una heredabilidad del 75%), que afecta la capacidad del niño, adolescente o adulto de 1) regular su nivel de actividad, por lo que tienen hiperactividad, 2) inhibir o frenar sus ideas, pensamientos o  comportamiento, por lo que tienen impulsividad, y 3) prestar atención a las acciones que realizan, por lo que tienen inatención. En niño con TDAH tiene gran dificultad o incapacidad para prestar atención y concentrarse, un nivel alto de actividad inadecuado para su edad, se distrae muy fácilmente y es muy impulsivo. El TDAH no es culpa de los padres, aunque a veces los padres no entienden los síntomas, se echan ellos la culpa, e intentan controlar al niño de formas no eficaces. La fiabilidad del diagnóstico es muy alta, y la presentación es bastante similar en diferentes culturas. Al igual que la diabetes o el asma, el TDAH se presenta de forma similar en EE.UU., en España, en el resto de Europa, en Latinoamérica, en China, etc. Hay asociaciones de padres de niños con TDAH en todo el mundo, y los padres describen los mismos síntomas en los niños que producen los mismos problemas. Los padres no deben aceptar nunca que nadie les culpe de la enfermedad de su hijo, como tampoco se deben culpar si su hijo tiene diabetes o epilepsia. Aunque algunas de estas cosas no ayudan, el TDAH no se produce por desacuerdos entre los padres, ni siquiera por separación o divorcio, ni por estar viudos o solteros, ni por el nacimiento de un hermano menor, ni porque la madre o el padre se ponga a trabajar, ni porque el padre o la madre trabajen mucho y pasen poco tiempo en casa, ni por cambiarle de colegio, ni por cambiar mucho de casa, ni por tener niñera, ni porque le cuiden los abuelos?Todas estas cosas suceden, y a veces coinciden en el tiempo, pero no tiene relación de causa-efecto con el TDAH, ni con la miopía, ni con la diabetes, ni con la epilepsia, ni con la varicela.  No se culpe por la enfermedad de su hijo y no deje que nadie le culpe.
Mito 2:
El TDAH es una enfermedad nueva, y sólo existe en EE.UU., es un invento.
El TDAH fue descrito ya en 1865 por el Alemán Hoffman en el cuento Der Struwwelpeter y en 1902 por el Inglés Still y por el Español Rodríguez-Lafora. Inicialmente se llamó Disfunción Cerebral Mínima, luego (1950) Síndrome Hipercinético, más tarde (1960) Síndrome del Niño Hiperactivo o Reacción Hipercinética de la Infancia, y más recientemente (1980) se cambió el nombre a Trastorno por Déficit de Atención (con o sin Hiperactividad) (TDA con H, TDA sin H). Desde 1994 se llama TDAH, con tres subtipos: combinado, inatento e hiperactivo-impulsivo. Aunque el nombre ha ido cambiando según hemos ido sabiendo más sobre el trastorno, la entidad clínica TDAH está descrita desde hace más de 140 años, ¡¡desde la época de la Reina Isabel II en España, literalmente, desde antes de la Guerra de Cuba!!, no es algo nuevo ni mucho menos. La frecuencia es similar en todo el mundo, entre el 2 y el 6% según diferentes estudios. Los padres no vienen el psiquiatra por capricho, sino porque el niño tiene problemas serios en casa, en el colegio, con su rendimiento escolar, con su funcionamiento social, y con su control de impulsos.
Mito 3:
Los síntomas de TDAH son leves, se trata de una enfermedad falsa, fruto del poco aguante de los padres de hoy, del perfeccionismo y la exigencia excesivas.
El TDAH tiene un efecto muy negativo sobre el  niño que lo padece.  A largo plazo, y si no se trata correctamente, reduce seriamente el rendimiento académico del niño y desemboca en fracaso escolar, generando abandono de los estudios o repetición del curso. Si pasan curso no dominan la materia anterior y la base de conocimientos del niño se hace cada vez más endeble. Además afecta el desarrollo social y emocional del niño.  Debido a los múltiples problemas en las relaciones con los compañeros por su impulsividad, los niños con TDAH tienden a tener pocos amigos, poco duraderos, y las relaciones son menos estrechas.  Por los fracasos repetidos en el colegio, las discusiones con los amigos y con los padres por malas notas y mal comportamiento, son frecuentes los síntomas depresivos e incluso la depresión en los niños con TDAH.  Los niños con TDAH no tratado desarrollan con frecuencia comportamientos negativistas: desobediencias progresivas, desafío a la autoridad y poco a poco problemas de conducta mayores, e incluso abuso de alcohol y drogas (especialmente porros).  No es un trastorno "cosmético", fruto del perfeccionismo de la sociedad. Los niños con TDAH que no reciben tratamiento correcto suelen alcanzar trabajos o profesiones por debajo de su capacidad. También son más susceptibles de tener otros problemas si no se les trata adecuada y tempranamente, como mayor tasa de embarazos en edades tempranas, mayor tasa de abuso de sustancias, menor tasa de retención de un trabajo, y menor progresión laboral.
Mito 4:
El TDAH sólo afecta a niños y desaparece en el adolescente
Es cierto que algunos síntomas de hiperactividad disminuyen con la edad, transformándose en movimientos más finos (mover el pie, dar golpecitos?).  Sin embargo, la inatención y especialmente la impulsividad permanecen en adolescentes y adultos. Las estimaciones de los padres y personas que viven con el paciente son más precisas que las del paciente, que a veces minimiza sus síntomas.  Se estima que la tercera parte de los niños con TDAH dejará de tener TDAH antes de la adolescencia, la tercera parte dejará de tener TDAH antes de la edad adulta, y la tercera parte seguirá teniendo TDAH de adultos.  Pero como hemos indicado, aunque algunos ya no cumplen criterios completos de TDAH, siguen teniendo síntomas que les afectan, por lo que cada vez más se considera al TDAH como un problema crónico que requiere manejo a largo plazo.
Mito 5:
El TDAH sólo afecta a los niños y no a las niñas.
Las niñas con TDAH suelen pasar desapercibidas con más facilidad, porque tienen menos hiperactividad y menos oposicionalidad. Comparadas con los niños tienen menos comorbilidad con trastorno negativista desafiante, trastorno de conducta, del aprendizaje y depresión, pero más trastornos de ansiedad. El problema es que como pasan desapercibidas, a veces no tienen problemas en el rendimiento escolar hasta la secundaria, en edades de 11 a 15 años. Si el médico es demasiado rígido con los criterios diagnósticos, puede decir que como no ha tenido problemas antes de los 7 años no tiene TDAH. A veces hemos visto a estas chicas en la consulta a los 17-18 años, y a pesar de llevar tanto tiempo con un rendimiento muy por debajo de su capacidad, mejoran mucho con medicación. Por eso les digo a los padres que nunca es demasiado tarde para empezar a mejorar.
Mito 6:
El TDAH lo debe diagnosticar y tratar primero el neurólogo o neuropediatra, y si no mejora, entonces el psiquiatra infantil.
Un diagnóstico correcto y temprano  es el primer paso para un buen manejo del TDAH y para  prevenir sus complicaciones. Generalmente son los padres, profesores, psicólogos escolares, pedagogos, o pediatras los que primero sospechan un posible TDAH en un niño que tiene síntomas o problemas.  Un pediatra con experiencia y formación puede hacer un diagnóstico inicial e incluso iniciar un tratamiento.  Generalmente es un especialista  en TDAH (psiquiatra del niño y del adolescente, neuropediatra, psiquiatra, o psicólogo clínico) el que hará un diagnóstico definitivo. Una vez realizado el diagnóstico, el médico y su equipo diseña un plan de tratamiento que puede incluir  la participación de un psicólogo clínico, pedagogo, profesor de apoyo, y otros profesionales para realizar parte  del tratamiento. Siempre que se sospecha un TDAH debe existir una evaluación por un médico experto en el diagnóstico y tratamiento de niños con este problema. El psiquiatra infantil y adolescente es un médico que puede ayudar a los padres y al niño. Debe verse como un experto en el TDAH al que los padres consultan para poder tomar mejor las decisiones médicas que afecten al niño. Lo mejor es buscar un psiquiatra con el que los padres se sientan cómodos. Primero porque tenga una calidad técnica reconocida, y luego porque sea capaz de hacerse entender y de ser cercano a las necesidades de los padres. Si el psiquiatra no escucha a los padres o les hace sentir culpables por los problemas del niño les recomiendo que busque a otro más adecuado.
Mito 7:
El Tratamiento del TDAH deber ser primero sin medicación, y si no mejora se puede usar medicación, porque los fármacos son peligrosos.
El tratamiento del TDAH debe incluir 3 partes: 1) entrenamiento a los padres sobre el TDAH y cómo manejar aspectos de la conducta del niño, 2) apoyo y adaptación a nivel escolar, y 3) además es imprescindible un tratamiento médico con una medicación que ayude a mejorar los déficits en neurotransmisores en algunas zonas del cerebro. El tratamiento del TDAH no debe ser nunca solamente dar la medicación, pero ésta es imprescindible en la inmensa mayoría de los casos.
Cuanto más sepan, lean y pregunten los padres sobre el TDAH mejor podrán ayudar a su hijo.  Deben buscarse un médico para que evalúe y trate al niño, un médico que sea experto en niños con TDAH y que tenga tiempo y paciencia para seguir al niño a lo largo de su enfermedad.  Un médico que esté disponible.  Además los padres pueden: 1. definir reglas claras de consecuencias y premios para ciertos comportamientos; 2. ayudar al niño a terminar una tarea o encargo dividiéndolo en pasos menores; 3. aumentar la estructura y el orden de la casa; 4. establecer rutinas estables y predecibles para organizar el tiempo; 5. eliminar ruidos y distracciones; 6. modificar la conducta del niño; 7. motivarles, y 8. aumentar la disciplina haciéndo que el niño sufra las consecuencias de saltarse las normas.
Hay varios tipos de medicinas que han demostrado su eficacia en el TDAH aprobadas para su uso: los estimulantes (en España Metilfenidato: Rubifén®, Concerta® y Medikinet®; fuera de España también Dextro- metilfenidato, dextroanfetamina y mezcla de sales de anfetamina). Estas medicinas actúan principalmente sobre la dopamina. También ayudan las medicaciones no estimulantescomo atomoxetina (Strattera®) con  efecto principalmente sobre la noradrenalina. Estas medicaciones son todas de primera elección en la mayoría de las guías clínicas basadas en la evidencia elaboradas por expertos. La elección de una u otra medicación debe hacerse de forma individualizada. En todo tratamiento con medicación hay una fase inicial para alcanzar una dosis adecuada, una fase de mantenimiento, donde la respuesta adecuada inicial se ha alcanzado, y una fase de perfeccionamiento, donde se hacen retoques y se atienden problemas emergentes, o nuevos síntomas. La colaboración entre el médico y los padres es esencial en las tres fases.
Mito 8:
Es mejor no dar medicación al niño y usar psicoterapia u otros abordajes no farmacológicos
La psicoterapia que ayuda al niño con TDAH es el entrenamiento de los padres sobre los síntomas del TDAH, y sobre cómo controlar y manejar mejor el comportamiento del niño. La psicoterapia psicoanalítica no funciona en el TDAH, tampoco la terapia de juego, ni el entrenamiento cognitivo para "mejorar" la concentración, memoria o atención. También es muy útil el apoyo escolar, con técnicas de estudio, remediando las dificultades del niño, intentando recuperar las áreas en las que tenga especial dificultad o retraso respecto a sus compañeros.
Hay muchos mitos sobre métodos mágicos que pueden mejorar el TDAH pero que no tienen ninguna base científica.  Estos "tratamientos" se suelen ofrecer en consultas privadas con gran coste de tiempo y dinero para los padres, y sensación de fracaso para el niño. No existe evidencia de que métodos como oir música de diferentes tonos para reeducación auditiva sirva para nada, como mucho puede relajar al niño, pero se obtiene el mismo efecto comprando un disco y oyéndolo en casa.  Tampoco los ejercicios de entrenamiento y reeducación de la lateralidad cruzada ni el biofeedback de EEG son útiles.  Las dietas sin azúcar y sin colorantes no curan el TDAH.  Los tratamientos homeopáticos como agua magnetizada, hierbas de diferentes tipos, acidos grasos Omega-3 tampoco han demostrado eficacia. Algunas hierbas, aunque sean naturales, pueden ser peligrosas (no confundir natural con inofensivo).  No por ser naturales, estos remedios son buenos, y generalmente su eficacia no ha sido demostrada científicamente. Los padres deben desconfiar de remedios fáciles que prometan "curación" permanente, rápida, sin esfuerzo y que supongan un gran desembolso económico inicial. Deben desconfiar de tratamientos no publicados en revistas científicas, que impliquen el uso de algún artefacto patentado o supuesta medicación con componente secreto o no claramente conocido.
Mito 9:
Las medicaciones producen adicción, porque son drogas
Este tema suele preocupar mucho a los padres y es importante que se entienda bien. Es un falso mito que el metilfenidato produzca adicción., Aunque químicamente el metilfenidato es similar a la anfetamina,  a dosis normales en TDAH y por vía oral no produce efecto euforizante.  El metilfenidato, al tratar el TDAH, de hecho reduce el riesgo de que el niño en el futuro abuse de drogas, porque disminuye su a impulsividad.  Sin embargo, dosis altas de  metilfenidato  podrían causar efecto euforizante. Po ello si se usa  en chicos con  problemas de abuso de drogas o alcohol,  debe hacerse con control cercano. Los padres deben guardar bajo llave la medicación y darles sólo una pastilla cada vez  para evitar que tomen más de lo recetado.  Esto limita el uso del metilfenidato en adolescentes con problemas de abuso de alcohol o drogas o con trastorno de conducta, pero no es el metilfenidato lo que produce éste abuso de drogas, sino el TDAH. La forma OROS®-Metilfenidato al ser una cápsula de liberación prolongada, tiene menor riesgo de abuso. La atomoxetina tampoco produce ningún efecto euforizante ni tiene riesgo de adicción.
Mito 10.
La medicación produce la medicación una reducción del crecimiento en altura del niño
El efecto de los estimulantes sobre el crecimiento ha sido una preocupación de padres y médicos durante años y ha sido muy estudiado. Algunos estudios han mostrado una reducción de la ganancia esperada de altura en los primeros 3 años de tratamiento, aunque la significación clínica de éstos datos es difícil de valorar. Otros estudios encontraron una menor talla de los niños con TDAH tratados con estimulantes a los 18 años, pero no encontraron diferencias más tarde, porque los adolescentes con TDAH completaron su desarrollo un poco más tarde, y alcanzaron tallas similares a los controles. En estudios donde se interrumpía el metilfenidato los fines de semana y en vacaciones no se observó ninguna ventaja en el crecimiento, por lo que no se recomienda parar el tratamiento los fines de semana ni en vacaciones. La talla y el peso deben monitorizarse de cerca, y en aquellos niños que pierden peso o no ganan peso adecuadamente se pueden usar suplementos energéticos y calóricos. La atomoxetina tampoco reduce el crecimiento en altura

jueves, 13 de febrero de 2014

Dolor, rencor, descontrol




“Una y otra vez me dicen que nunca sufrieron maltrato cuando eran niños, con la excepción de alguna bofetada, que, como es sabido, no tendría ningún significado, o de alguna que otra patada que se habrían merecido porque a veces eran insoportables y hacían perder la paciencia a sus padres. Con frecuencia me aseguran que, de hecho, eran niños queridos, pero sus padres estaban abrumados por sus responsabilidades eran pobres, desdichados, padecían depresiones, no tenían información, eran alcohólicos o, de niños, habían crecido sin cariño. Por lo tanto no era extraño que hubiesen perdido fácilmente la paciencia con sus hijos y les hubiesen pegado. Era necesario comprenderlos. Uno deseaba ayudarlos porque los quería y le daban pena. Pero todo el esfuerzo realizado no había sido suficiente para salvarlos de su depresión y hacerlos felices. Esta circunstancia provoca un sentimiento de culpa que continúa torturando al adulto, que no puede librarse de él. Una y otra vez se pregunta: ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué no puedo salvar a mis padres de sus miserias? Me esfuerzo tanto. Incluso con los terapeutas. Ellos dicen que tengo que disfrutar las partes positivas de la vida pero no lo consigo,  y también me siento culpable por ello. Ellos dicen que tengo que madurar de una vez, que no debo sentirme como una víctima, que mi niñez hace tiempo que terminó y que debería pasar página y dejar de romperme la cabeza. Dicen que no debo buscar la culpa en los demás porque el odio terminará matándome. Debo ser capaz de perdonar y vivir el presente, si no me convertiré en un paciente borderline o en qué se yo. Pero ¿Cómo lo hago? Naturalmente no quiero culpar a mis padres, porque los quiero y les agradezco que me hayan dado la vida. Ya han sufrido bastante por mí. ¿Cómo puedo librarme de mis sentimientos de culpa? Son incluso más violentos cuando pego a mis hijos. Es horrible, no soy capaz de parar de hacerlo, me desesperan una y otra vez. Me odio por estas tendencias tan agresivas, me detesto cuando caigo en estos ataques de violencia ciega”.

Alice Miller