Dificultades académicas de los niños con TDAH a lo largo de la escolarización.
Derivadas de la sintomatología característica del TDAH,
los alumnos con dicho trastorno pueden experimentar a lo largo de su
escolarización diferentes dificultades académicas, lo que puede provocar retrasos significativos en su aprendizaje aunque su capacidad y nivel de inteligencia sean normales. El que los profesores conozcan
estas dificultades que pueden encontrar en el aula favorecerá que se de
a cada alumno una respuesta educativa ajustada a sus necesidades en las
diferentes etapas educativas y en función de las características
personales y académicas de cada uno.
En términos generales, las dificultades
académicas que puede presentar un alumno con TDAH las podemos resumir en
los siguientes apartados:
En lo referente al comportamiento, este
también puede influir de manera negativa en su proceso de aprendizaje,
como pueden ser los comportamientos disruptivos, las interrupciones en
clase, etc.
Todo este tipo de dificultades que
presentan respecto al ámbito académico, desencadenan dificultades en
áreas determinadas, como el cálculo, la lectura o la escritura, pudiendo
desencadenar, sin un tratamiento específico para combatirlo en
discalculia, disgrafía, disortografía y otros trastornos asociados a la
lectura.
Evidentemente, las dificultades más características que presentan los alumnos con TDAH no son las mismas en todas las fases de la escolarización, por lo que vamos a ver cuáles son las principales en cada etapa educativa.
Educación Infantil.
Aunque existen dificultades para el
diagnóstico de TDAH en niños menores de 6-7 años, diferentes estudios
han constatado que entre un 60% y un 70% de los alumnos diagnosticados
con TDAH, durante su etapa prescolar ya manifestaban comportamientos
diferentes al de los de su grupo de referencia (Barkley, 1981).
Una de las diferencias que encontramos en
los niños con TDAH en prescolar en relación al resto de sus compañeros
sin TDAH, es referente al juego. Los niños con TDAH presentan un juego
más inmaduro, menos social y constructivo y con un uso más monótono de
los materiales. No suelen cooperar mucho con los compañeros en los
juegos de grupo y se comunican con ellos de una manera más pobre.
En la actualidad, y como contrapunto a lo
que se hacía hace unos años de `dejar que desapareciesen los síntomas
con el tiempo`, se recomienda una pronta intervención sobre los síntomas
que presentan los niños con TDAH. Aun así, no hay que olvidar que en
algunos casos hay niños que son tachados de hiperactivos cuando no
presentan mas que el norma movimiento asociado a su edad (Campbel y col,
1984).
Una minoría de familias de niños con TDAH
de dos, tres o cuatro años, requieren intervención para sus hijos,
aunque a esta edad la intervención suele determinarse por conductas que
se deben a la baja tolerancia a la frustración que presentan los niños,
rabietas, agresiones a otros niños, etc.
Educación Primaria.
Conforme los alumnos van creciendo,
también lo hacen las dificultades y repercusiones negativas que el TDAH
ejerce en el currículum académico y en los comportamientos de los niños.
Es en el periodo escolar donde, de manera más acusada, se ponen de
manifiesto la incapacidad de los niños con TDAH para enfrentarse a los
retos que se les presentan desde el ámbito educativo.
En esta etapa podemos encontrar
diferencias significativas entre los alumnos que son hiperactivos y en
los que predomina el déficit de atención. Por su parte, los alumnos
hiperactivos e impulsivos se caracterizan por la `prisa` con que
finalizan todas sus tareas escolares, la ausencia de repaso de sus
tareas, la incapacidad para hablar en voz baja en clase, lo que puede
provocar alboroto y en consecuencia molestar a los compañeros de
alrededor, etc.
En los alumnos en los que predomina el
déficit de atención, se ven más afectados aspectos como su incapacidad
de organización, de concentración en la tarea a realizar, saber
escuchar, mantener un nivel aceptable de atención, etc.
En ocasiones, los profesores de alumnos
con TDAH manifiestan que en el colegio requieren, en muchas ocasiones,
de una atención individualizada, se distraen con facilidad y acostumbran
a interrumpir el ritmo normal de la clase. Además, pueden verse
desorientados cuando un niño inteligente se porta mal en clase y no
rinde el nivel que sería aceptable en relación con sus capacidades
(Green & Chee, 1994). Por ello, como hemos señalado en otras
ocasiones, creemos necesario la psicoeducación, donde las personas del
entorno de los niños con TDAH (familia, profesores, etc.) se informen y
formen sobre el trastorno para poder conocer las causas de determinados
comportamientos, ejerzan la labor de coterapeutas, etc.
En esta etapa se hace evidente la
dificultad que presentan los alumnos en memoria, ya que estos fallos,
unidos a los que presentan en integración hacen que, aun siendo
inteligente, no logre alcanzar los aprendizajes y objetivos previstos
para el curso escolar.
En general son alumnos muy desorganizados
tanto con el material como con el espacio. Además de ser propensos a
perder el material que necesitan, acostumbran a tener encima del pupitre
más material del necesario, por lo que este puede caerse, él distraerse
más fácilmente, etc.
En términos generales les cuesta mucho
ordenarse en el tiempo y en el espacio. Pueden incurrir en fallos como
anticiparse con una respuesta a una pregunta que aun no ha sido
formulada del todo, se prepara para el recreo cuando lo que toca es otra
clase, olvida o no lleva completo el material específico de alguna
asignatura, como educación física o plástica, etc.
No se adaptan bien, de manera general, a
las órdenes grupales. Pueden presentar dificultades para ordenar un
pensamiento lógico matemático, y debido a que el lenguaje hablado es por
lo general pobre o poco desarrollado, faltan elementos de cohesión en
las frases o hablan sin que lo que estén diciendo tenga relación con la
situación en la que estén.
Una de las dificultades más acusadas por
los profesores es la búsqueda de atención constante de las recompensas
inmediatas, así como la insensibilidad hacia los castigos, lo que en
ocasiones desespera a los docentes, que no saben como actuar con el
alumno. Además, se muestran ávidos de actividades nuevas, aunque cuando
se les presentan no las aprovechan como deberían.
Es curiosa la dualidad de comportamientos
que puede presentar un mismo niño, porque igual habla sin parar durante
una clase sin dejar que continúe el ritmo normal de esta, que pasa
desapercibido y parece que no ha ido a clase. O igual alborota a los
compañeros en un momento determinado o se mantiene al margen de la
dinámica del aula.
Educación Secundaria Obligatoria.
Durante esta etapa escolar, son evidentes
los numerosos cambios que la acompañan, por lo que puede ser una etapa
difícil para los alumnos. Pueden encontrarse ante un centro escolar
nuevo, con nuevos compañeros y mayor número de profesores, por lo
general especialistas en cada asignatura que, todo ello unido a una
serie de presiones sociales, hacen que el alumno con TDAH requiera de
una mayor atención incluso que en cursos anteriores.
Es en los primeros cursos de esta etapa
donde es recomendable que los alumnos cuenten con mayor atención,
incluso que en primaria, tanto de profesores como de padres, para que la
transición sea lo más positiva posible y su adaptación a la nueva etapa
sea más satisfactoria. Será imprescindible contar con modelos más
positivos para el niño, para que su evolución continúe ascendente y no
se vea estancada o sea regresiva.
Rocío Meca Martínez.
Especialista en Pedagogía Terapéutica de Fundación CADAH.
Bibliografía.
Casajús, A.M., La resolución de problemas
aritmético-verbales por alumnos con Déficit de Atención con
Hiperactividad (TDAH). (2005)